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Biomagnetismo Médico

El Biomagnetismo Médico o "Par biomagnético" es un asombrosa técnica medica con imanes de baja intensidad descubierta a partir de 1988 por el Doctor Isaac Goiz Durán Científico Mexicano, que a través del Par Biomagnetico en breves lapsos de tiempo consigue eliminar microbios como virus, bacterias, hongos y parásitos. También en el ámbito físico el Biomagnetismo equilibra el funcionamiento de las glándulas endocrinas, mientras que en el área emocional imprime un cambio de ánimo más positivo en la mayoría de los pacientes, liberando estrés y procurando un mayor vigor energético. Esta técnica medica también aplica en las emociones.

El Biomagnetismo al corregir distorsiones del pH (medida de acidez o alcalinidad) contempla el área bioquímica de la salud, pero al mismo tiempo involucra un ámbito biofísico, energético, electromagnético de la vida humana, cuya importancia al momento de curar ha sido menospreciada por la investigación médica oficial, que busca mejorías a las enfermedades de preferencia en el área bioquímica, a través de remedios farmacéuticos.

En consecuencia el Biomagnetismo propicia diversos niveles de mejoría en una gran variedad de enfermedades, especialmente en aquellas crónicas, las de origen autoinmune y las de causas desconocidas.

Aunque los descubrimientos empíricos del Dr. Goiz en sus orígenes y causas concuerdan con los últimos hallazgos de algunos geniales científicos, sin embargo él consiguió estructurar un método simple que en la práctica consigue curar múltiples dolencias, en un notable porcentaje de casos, y eso es lo que busca la gran cantidad de enfermos que buscan mejores soluciones a sus dolencias crónicas.



Antecedentes históricos

Muchas culturas ancestrales, entre las que se encuentran la china, la hindú, la árabe, la hebrea y las antiguas dinastías egipcias, utilizaban imanes por sus propiedades terapéuticas. La leyenda cuenta que Cleopatra, para retrasar el proceso de envejecimiento, dormía con una piedra imán sobre la frente. En el siglo III a.C., Aristóteles escribió acerca de las propiedades curativas de los imanes naturales, que llamaba "imanes blancos".

En el siglo I d.C., Plinio el Viejo, historiador romano, habló sobre la utilización de los imanes para curar los problemas oculares. Durante ese mismo siglo, algunos geománticos chinos empezaron a documentar lo efectos sutiles del campo magnético terrestre en la salud humana y la enfermedad después de utilizar brújulas de gran precisión para la exploración de las condiciones geomagnéticas.

En el siglo II, el célebre médico Galeno recomendaba el empleo de imanes para tratar el estreñimiento y diversos trastornos dolorosos. En el siglo IV, Marcel, el filósofo y médico francés, aconsejaba llevar un imán alrededor del cuello para aliviar los dolores de cabeza. En el siglo VI, Alejandro de Tralles utilizaba imanes para tratar el dolor de las articulaciones.

Después, durante el siglo X, el médico islámico Ibn Sina, también conocido como Avicena, afirmó que era capaz de tratar la depresión mediante la terapia magnética. Alrededor del año 1000, un médico persa documentó la utilización de imanes para aliviar dolencias como la gota y los espasmos musculares.

Un gran número de médicos y sanadores utilizaron los imanes para curar diferentes problemas médicos hasta el siglo XVI, cuando el célebre médico Paracelso no sólo abogó por los imanes para curar trastornos específicos, sino que además describió con detalle los diversos efectos curativos de las polaridades magnéticas en los seres vivos. Paracelso fue uno de los primeros en postular que la propia Tierra era un gran imán. En sus obras sobre terapia magnética, Paracelso defendía que el "imán es el rey de todos los secretos".

En 1777 la Real Sociedad francesa de medicina examinó los estudios sobre curación magnética realizados por un abad francés llamado Le Noble. Sus informes sobre los efectos de los tratamientos magnéticos fueron tan favorables que concluyeron que el imán parecía destinado a desempeñar un papel tan importante en la práctica y la teoría médica como el que estaba comenzando a tener en el campo de la física experimental.

En el s. XIX Pasteur se percató de que si colocaba un imán cerca de una cuba de fermentación llena de fruta (tal como se utiliza en la producción de bebidas alcohólicas), el proceso de fermentación era más rápido. En aquella misma época Samuel Hahnemann, el creador de la homeopatía, también experimentó con los imanes con fines terapéuticos y acabó defendiendo el uso de los imanes para tratar un gran número de trastornos de la salud.

El mayor defensor de la terapia magnética durante la segunda mitad del siglo XIX fue el doctor C., J. Thacher. Este médico explicaba que la energía de la vida provenía de la fuerza magnética del sol y era conducida a través de la sangre debido a su alto contenido en hierro. Aproximadamente un siglo después, en 1954, Linus Pauling recibió el Premio Nobel de Química por sus descubrimientos sobre las propiedades magnéticas de la hemoglobina, una sustancia presente en la sangre que contiene hierro. A mediados del siglo XX, el interés por la curación magnética aumentó rápidamente en países como la India, Rusia y Japón.

Durante los 1970s Dr. Richard Broeringmeyer (Kentucky, Estados Unidos), médico de la NASA, estudió los efectos de la falta de gravedad sobre los astronautas, que le condujo a experimentar equilibrar sus cuerpos con imanes.

El Dr. Isaac Goiz Durán (México) descubre el Par Biomagnético en 1988, donde encuentra en un principio más de 200 pares (puntos gatillo) en el cuerpo que resuenan entre sí. Neutraliza las cargas magnéticas entre cada uno de esos pares, neutraliza el equilibrio del PH (acidez/alcalinidad) que es el origen de la manifestación particular del patógeno. Esto lo logra tomando como bases la investigación y el trabajo del Dr. Richard Broeringmeyer, el Dr. Isaac Goiz dio un paso más al identificar la etiología (origen) de múltiples enfermedades.

¿En qué consiste la terapia?

El sistema consiste en el reconocimiento de puntos de energía alterados en el organismo humano que en conjunto provocan una enfermedad. Este reconocimiento se efectúa con imanes pasivos (no electrificados ni conectados a máquinas electrónicas), que se aplican en diversas zonas del cuerpo humano como si se tratara de un rastreo o escaneo Biomagnético. Una vez reconocidas y confirmadas dichas zonas en su potencial energético que corresponden a órganos y tejidos que sufren la distorsión, el terapeuta aplica un conjunto de imanes en esos puntos durante 10 a 15 min a cada persona y generalmente los aplican en forma simultánea.

En consecuencia, al impactarse aquellos pares que soportan microorganismos o están en disfunción, se lleva al organismo a un estado óptimo de equilibrio que produce un ambiente muy inhóspito para estos microbios patógenos, los cuales no logran continuar reproduciéndos y perecen en lapsos muy breves de tiempo.



Beneficios del Biomagnetismo Médico


Posibles efectos secundarios y riesgos

El tratamiento con imanes, al ser un procedimiento externo, esencialmente no invasivo, no produce efectos colaterales o adversos, sin embargo sus limitaciones son aquellas enfermedades en que se haya producido un daño estructural irreversible, de huesos, órganos o tejidos, y en que las posibilidades de regeneración estén disminuidas por la edad, por cirugías o por acumulación de efectos secundarios de medicamentos durante un largo período de tiempo. En consecuencia la probabilidad de mejores resultados aplicando el Biomagnetismo, aumenta mientras menos tiempo haya pasado desde la aparición de la enfermedad.

Contraindicaciones

Existen dos contraindicaciones en el Biomagnetismo: no es recomendable en lapsos de tiempo cercanos a un tratamientos de quimioterapia intravenosa,Para la aplicación del Biomagnetismo necesitaran esperar un mínimo de 6 años aproximadamente. Y la segunda es que el paciente tenga Marcapasos por el riesgo de que el magnetismo afecte su correcto funcionamiento.




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